Dos jóvenes enamorados paseaban por Cuenca a altas horas de la noche. Entre caricias y abrazos, su paseo les llevó a la cuesta de las Angustias. Lugar muy bello de esta ciudad y sitio perfecto para intimar por lo poco frecuentado que esta. Y lo hicieron.
Ella, de nombre Ana, hija de ciudadanos de alta clase. El, un comerciante que habia llegado a Cuenca hacia una semana procedente de Madrid y en busca de provisiones para la capital del Reino de Castilla
Pero las cosas nunca son lo que parecen. Al despedirse Ana abrazó a su enamorado pero algo no estaba donde debería. Miró a los pies del joven y...lo que asomaba por debajo de la capa no eran pies, sino pezuñas.
Grita, ¡¡grita mientras ves la muerte!!. Al joven le empezó a crecer pelo por todas las partes de su cuerpo. Su cabeza se fue deformando hasta adquirir la morfología de una cabeza de carnero. De su frente dos protuberancias se alzaron hasta una altura de medio metro . Pero el "hombre" no sufría. Se reía no con risa humana, sino de cabra. Y con malicia. Carcajadas que volvieron más loca a Ana Si cabe.
Corre,¡¡corre!! por la bajada de las angustias mientras la bestia te persigue riéndose...
clok, clok, clok El sonido de las pezuñas del diablo sonaba sobre el adoquinado de la calle. Ana desesperada entró en jardín de la iglesia de las Angustias.
Estaba perdida no había nadie y entonces...entonces la vio enfrente .Alta majestuosa. "Dios, apiádate de mi alma. Protégeme". Tarde.
Justo cuando toco la cruz de piedra, Diablo la alcanzó.
Y aún se ve la marca de la mano de Ana en la cruz de la ermita de las angustias, en Cuenca